En la antigüa Grecia y Roma, se cocinaban frutas con miel para conservarlas, de allí surge la mermelada. La palabra proviene del portugués marmelada, que originalmente describía un dulce de membrillo (marmelo), derivado del latín melimelum. Los persas y la cocina árabe-andalusí medieval fueron claves al introducir el azúcar. Su textura gelatinosa es lograda gracias a la pectina natural de la fruta. La mejor forma de disfrutarla es untarla en tostadas para desayunos y meriendas y es muy utilizada en repostería. Es una opción increíblemente rica.